domingo, 17 de noviembre de 2013

Un enemigo.

Hay algo curioso sobre el miedo, su mayor duración no se da antes ni durante el ataque,  sino después, el miedo barre con tu seguridad y con tus certezas, ya no sabes quién es quién… pero incluso cuando las paranoias barrio con todas las seguridades, y solo hay dudas, hay solo un refugio seguro, el amor.

Cuando el enemigo no tiene rostro, puede estar en todas partes, cuando no se sabe en quien confiar, se sabe de quien desconfiar, de todos…  Conocer a las personas por sus acciones es mas o menos fácil, pero conocerlas por sus intenciones es casi imposible.  Las intenciones se esconden detrás de las palabras, los gestos y las acciones, por eso es complejo reconocer a un enemigo, porque la intención es difícil de ver… lo que hace poderoso y peligroso a un enemigo, es todo lo que no sabemos de él. Alguien que secretamente tiene la intención de ayudarnos, es un aliado, el que tiene la intención de destruirnos es nuestro enemigo; la paranoia es una forma de no equivocarse, desconfiar de todos es la mejor manera de no ser engañado por ninguno y el precio es el aislamiento. Nada más aterrador que un enemigo íntimo, y para terminar con ese enemigo, primero hay que reconocer sus aliados, la negación y el silencio. El que desconfía no duda, tiene certezas, dudar es una manera de confiar… El desconfiar, nos preserva de enemigos ocultos, confiar es un poco más divertido. Desconfiar de lo que amas, es más trágico que confiar en un enemigo; el paranoico desconfía de todos, el ingenuo confía de todos, el sabio confía en su intuición… a veces, elegimos adversarios precisamente para tapar a los enemigos, y así peleamos guerras que no son nuestras. Quién es un enemigo? Ese que te condena al silencio y a la soledad, y hasta que vos no le pongas un fin a eso, a ese enemigo, tu aliado nunca te va a poder ayudar