De repente todo encajó. Todas las piezas del rompecabezas se
unieron correctamente. No encontré la respuesta a todas mis preguntas, pero sí
a la más importante, esa que nunca me había atrevido a formular en voz alta.
¿Por qué estaba sola? Sola, más allá de contar siempre con la compañía de
amigos y familia, sola en el corazón. Y todo estuvo tan claro, como si la
respuesta hubiera estado ahí frente a mis ojos desde siempre, y yo nunca la
hubiera visto. Pero la vi, y entendí todas las razones por las que me
encontraba sola.
Me di cuenta que lo que yo sentía no era soledad, no era el
simple hecho de “estar soltera”, eso no importa. Yo le tenía miedo al amor.
Exactamente eso, temía amar. Como lo había hecho sólo una vez, en la cual todo
terminó mal. Y desde ese entonces, inconscientemente estuve evitando
enamorarme. Sí, “evitando”, porque miles de veces tuve oportunidades de
cambiar, de volver a amar, y tal vez encontré al chico indicado, pero no lo
supe valorar. Apenas mi corazón empezaba a saltar de ansiedad por ver a
alguien, yo lo refrenaba, y me repetía a mí misma: “No estás enamorada, sólo…
sólo te gusta estar en su compañía, nada más, sólo eso. Sólo te pones nerviosa
cuando te mira, sólo te hace sonreír con facilidad, sólo te sientes ligera y
feliz en su presencia, pero sólo eso… no quiere decir que estás
enamorada.”
Qué absurdo y triste pensar, me estaba mintiendo a mí misma,
engañándome, recién ahora me doy cuenta. Negando una realidad, negando mis
sentimientos, eso sería lo más acertado. Y todo porque mi mente siempre le ganó
al corazón, los contra siempre le ganaron a los pro, los defectos siempre le
ganaron a las virtudes, y me pregunto, ¿por qué? ¿Por qué tuvo que ser así?
¿Por qué tuve que pasar por eso? No creo que merezca eso, nadie lo merece, por
más mal que haya hecho. No es justo, no es justo que alguien le tenga miedo al
amor, si el amor es lo más lindo que tiene la vida. ¿Cómo le vamos a tener
miedo? ¿Cómo lo vamos a evitar? ¿Cómo vamos a querer que no ocurra? Es
inaceptable, pero es un pensamiento lógico de una persona que sufrió por amor.
Y puedo decir que es mi caso. Pero de todas formas, ya me cansé de eso, no
tengo derecho a rechazar algo tan indescriptible como el amor. Ya me cansé de
evitar amar, de evitar sentirme bien con alguien, de sonreír con facilidad, de
vivir sin pensar.
Y creo que ahora cambié, no voy a decir esa ridiculez de
“maduré”, porque no tiene sentido, sé que todavía no estoy lista para una gran
cantidad de cosas que conlleva el ser maduro. Y, hablando francamente y sin
ofender, no creo que nadie sea maduro,
al menos no del todo.
Voy a estar alerta a ver si encuentro al chico indicado, y
si no, bueno, no voy a estar toda la vida esperándolo. También hay otros que
merecen la pena. ¿Vale la pena sufrir por ellos? No, vale la pena arriesgarse a
sufrir por ellos. Porque en la vida siempre hay que arriesgarse para poder
ganar, y en el amor, también. Es muy fácil decir que voy a dejar abierto mi
corazón para valorar al primero que me trate de forma especial, pero algo muy
distinto es hacerlo. No es tan fácil, al menos no para mí, nunca lo hice, nunca
me dejé llevar por mi corazón sin pensar en las consecuencias, y no creo que
sea capaz de hacerlo… Pero lo voy a intentar, lo prometo… lo prometo por ese
chico indicado que tal vez me está esperando por ahí, o tal vez no. Me inclino
más por saber que me está esperando en alguna parte, esperando que yo lo
encuentre, o que el destino nos junte sin querer.
Y así será mi vida de ahora en más, basta de negar mis
enamoramientos, basta de fingir que no me gusta nadie, me da igual mentirle a
la gente (no es que me guste tampoco), pero odio mentirme a mí. Es algo que no
puedo aceptar, no me parece bien. Y bueno, aquí estoy intentando cumplir mi
cometido, y abriendo lo más que puedo este corazón, ya tan acostumbrado a no
mostrar lo que siente.
